miércoles, 30 de enero de 2008

Las duendecillas y su amor

Historia de la simpática pareja de duendes féminas que regalan amor con sus rosas. (viene del post “la duendecilla y la rosa” )

Hace miles de años el mundo era muy diferente al que nosotros conocemos actualmente, cientos de seres fantásticos poblaban las montañas y los mares, los bosques y las ciudades. Todos los seres cumplían una función, todos poseían algún poder mágico que solían utilizar para ayudar a los vecinos o bien para defenderse de los enemigos que también existían. Nuestra historia se remonta al alejado valle de las rosas donde habitaban unos fantásticos duendes que se dedicaban a cuidar los rosales mas bellos que jamás pudieron ver ojos humanos ni siquiera imaginarlos.

Estos duendes eran unos seres muy longevos podían llegar a vivir miles de años y tenían unas costumbres sociales muy arraigadas basadas en el respeto a la naturaleza, la magia y el amor; eran comprensivos, pacientes, sabios pero con un enorme defecto eran pequeños y físicamente débiles si los comparábamos con los gnomos, los centauros, los caballos alados o con los gigantes que poblaban las montañas. Por ello desde que nacían se estimulaba su inteligencia y sus múltiples poderes mágicos que algún día relataremos con mas calma.

En este valle de rosas residían Marcela y Jezabel dos duendes hembra jóvenes e impulsivas. Se habían criado juntas, sus familias moraban en rosales cercanos (que decir tiene que estos duendes usaban los propios rosales de hogar) y ellas correteaban, bailaban y aprendían en la escuela casi todo lo que los duendes necesitaban. Les encantaba utilizar las hojas mojadas por el rocío de la mañana para lanzarse a modo de tobogán por ellas o colarse en los hogares de los duendes guerreros para ayudarles a espantar a las plagas o a las abejas demasiado ambiciosas.

Marcela y Jezabel crecieron juntas y tuvieron sus amores en el valle tanto duendecillos como duendecillas, pero en el fondo ellas sabían que mas que amistad lo que sentían era amor. Un día se besaron y desde ese momento ninguna de las dos fue capaz de separarse de la otra. Incluso llegaron a construir un pequeño escondite en unos rosales azules que nadie utilizaba ya, donde daban rienda suelta a su amor y a su imaginación.

En su mundo, el respeto al amor y a la pareja era excesivamente elevado y cuando una pareja quería casarse, tenía que superar las pruebas que los ancianos indicasen para poder ser lo que nosotros conocemos como matrimonio. Como los sabios del valle consideraban a las inocentes duendes demasiado juguetonas para poder tener una familia, decidieron que Marcela y Jezabel viviesen fuera del valle tres días sin la protección de los demás vecinos.

No conocían mas que los rosales, los arboles, ríos, el resto de seres eran totalmente extraños para ellas. Trazaron un plan, construyeron un refugio en el tronco de un viejo roble para no pasar frío, negociaron con una paloma vigilancia y protección a cambio de hojas de rosas y utilizaron un truco mágico que habían aprendido en la escuela de duendes a convertirse en invisibles ante cualquier peligro desconocido.

Al pasar los tres días al valle de los rosales, las recibieron con vítores y alegría y vivieron en el valle durante muchos años, amándose felizmente con el apoyo de los suyos.

martes, 29 de enero de 2008

Las Gaviotas

Relato nocturno, las gaviotas o las odias o las amas, como a las lesbianas....

Provengo de una ciudad costera y marinera, el mar con su olor, su humedad y sus constantes cambios ha acompañado toda mi vida marcando un carácter que a veces resulta un poco fuerte para quien no me conoce. Describir el mar y las gentes marineras del norte de España en este blog, parece una proeza demasiado grande, muchos poetas han gastado ríos de tinta intentándolo y basando su obra maestra en ello, así que desde mi humildad dejamos esa parte de la historia para otro momento o quizás para obras de otra índole.

En las ciudades costeras como en la que resido es extraño no encontrar gaviotas volando por entre los tejados o rompiendo el silencio de la noche con sus gritos, a veces si te sientas en un parque en el centro de la ciudad las puedes ver con sus majestuosas alas planeando encima de tu cabeza, demostrando que tienen un perfecto cuerpo aerodinámico diseñado para surcar los cielos y los mares.

Me encanta sentarme en el puerto a observar como llegan y se van los barcos pesqueros, ver como a su vez a las aves saludando y buscando su sustento entre las redes de los marineros. A las gaviotas o las odias o las amas, casi como el universo con las lesbianas.

Hace un par de noches, soñé que era una gaviota surcando el cielo observando a la ciudad desde el aire con mis ojos de pájaro, sumergiéndome entre las olas del mar para volver al cielo a demostrar mi poderío conseguido por la naturaleza. Practicaba un vuelo rasante a gran velocidad por una playa apartada y tropecé con la vista con una preciosa pareja de chicas escondida en unas rocas. Posé mis patas en una pequeña barca que me permitía curiosear y ver a estas mujeres de cerca.

Nunca viera a nadie acariciarse con tal ternura, parecía que las manos de ambas a la hora de tocarse o abrazarse estuviesen tocando un vaso del cristal mas fino y frágil del mundo. Cruzaban e intercambiaban miradas enviándose miles de mensajes y sentimientos en cada pestañeo, hablaban y reían como si nadie ni nada existiese en el mundo mas que ellas.

Incluso llegaron a sacarse la ropa para zambullirse en el frío mar nocturno a la luz de la luna, mostrando sus cuerpos firmes jóvenes y bien formados. Se unieron en el medio de las olas con un beso tierno y pasional, indescriptible para una gaviota como yo, mi pico no me permitía besar a ninguna mujer.

La enamorada pareja se dio cuenta de mi presencia en la lancha de madera y decidieron que formase parte de su juego porque comenzaron a salpicarme agua del mar para que me marchase y eso hice, respetando mi condición de ave cotilla.

Regrese a mi cama, ya en mi cuerpo de mujer, dormí pensando en que esa bella pareja eramos tu y yo, cuando me desperté me invadió una pregunta ¿porque ante tal amor muchos sectores opinan que el lesbianismo es una enfermedad o que no tenemos los mismos derechos? A estas personas les recomiendo que sean gaviotas y observen aunque solo sea por una noche algo mas que su ombligo y sus erróneos principios.

lunes, 28 de enero de 2008

La duendecilla y la rosa

Relato de una extraña pareja y de la flor mas utilizada en el amor, quizás os sirva para entender porque algunas cosas se convierten en simbolos utilizados para conquistar a una dama.

Dormía plácidamente en mi cama después de un largo día de trabajo y estrés, me gusta meterme en la cama y taparme hasta las orejas a escuchar el silencio, esa noche por fin conseguía relajarme, estaba en esa fase del sueño entre la realidad y el nirvana el momento en el que no se distingue si estas despierta o en el paraíso del descanso y la imaginación, me encanta ese momento de ensoñación.

Algo se movió encima de mi escritorio, supuse sería una ráfaga de viento agitando alguna de las hojas siempre desperdigadas o quizás las tres rosas que había adoptado esta tarde y que acompañaban la decoración de mi hogar, no le presté atención y decidí seguir en mi estado de descanso y relax. Comencé a escuchar una preciosa canción tocada con una flauta dulce, era una melodía alegre y divertida, tanto, que los dedos de mis pies se movía al ritmo de esa alegre composición musical (lo cual me hizo darme cuenta que no soñaba ese barullo salía de la mesa).

Me levante despacio de la cama e intente fijar la vista para averiguar de donde provenía el alboroto. Descubrí algo sorprendente, dos pequeños seres de color verde correteaban por la mesa de madera, brincando y bailando al ritmo de la flauta. Realmente no eran verdes, llevaban unas ropas de ese color, con unos gorros muy graciosos y unas botas marrones, eran igualitos que las ilustraciones de los cuentos de duendes. Los observe detenidamente durante unos minutos, eran duendecillos hembra, tenían unos pequeños y formados pechos y debajo del gorro parecían llevar unos recogidos de flores en el pelo.

-Buenas noches-me dijo una de las duendecillas.
-Hola-respondí, quizás un poco asustada.

Me quede con la boca abierta, mirando como dos seres fantásticos tenían una fiesta montada en mi cuarto. No me atrevía ni a toser. Eran ágiles y hermosas y desprendían tal alegría que me daban ganas de ponerme encima de los folios a bailar con ellas.
-¿Quienes sois?-pregunte
- Somos las guardianas de las rosas, nos encargamos de cuidar estas flores y como tú siempre tienes algunas, hemos venido aquí.

Relataron su historia, las duendecillas hace miles de años vivían en unos campos donde solamente nacían rosas, las mujeres duende eran felices en esos campos manteniendo, cuidando y mimando los rosales. Pero el ser humano decidió que en esos campos se iban a construir castillos y ciudades, poco a poco esas rosaledas desparecieron y con ellas estos diminutos seres, que ahora persiguen las rosas para cuidarlas y disfrutar de su olor y presencia.

La fantástica pareja, era eso, pareja. En su mundo solo se unían en matrimonio aquellos que estuviesen realmente enamorados, tengamos en cuenta que tienen una longevidad milenaria, así que para casarse tuvieron que superar miles de pruebas para demostrar al resto de residentes del campo de rosas que podían ser felices para siempre. Algún día os contaré esa historia.

Cuando consumaron su amor prometieron que las rosas procedentes de su rosaleda, solo las podrían cuidar aquellas personas que estuviesen realmente enamoradas, ademas, si esto se cumplía, si una de las personas regalaba una rosa, las duendecillas se encargaban de que esa flor desprendiese una fragancia que prolongase el amor e hiciese que cada recuerdo de pareja fuese inolvidable, por lo menos, mientras la rosa se mantuviese fresca.

Si la rosa se marchitaba en un tiempo prudencial toda esta magia se mantenía en el tiempo, mientras la pareja recordase el momento del regalo de la flor, el resto dependía de ellos.
Lógicamente mis nuevas amigas me recomendaron regalar un rosal, ya que así no solo las rosas estarían mas frescas y sanas, ellas podrían seguir regalando amor y pasión, teniendo un lugar donde su amor longevo podría durar mucho mucho mas tiempo.

Si amáis a alguien regalad una rosa y no os olvidéis de dejar un hueco para las duendecillas del amor.

viernes, 25 de enero de 2008

Mi regalo mágico

Los objetos mágicos no siempre nos proporcionan poderes sobrenaturales y fuerzas maravillosas. A veces, el detalle mas insignificante, se puede convertir en mágico.

Todos los regalos que recibo de una persona, sea la que fuere, los considero importantes y especiales. Bien por el detalle, porque el presente ha sido de una persona especial, o quizás resulta que ese pequeño o gran paquete era un capricho. Me encanta, además, que sean sorpresas inesperadas o bien un intercambio de regalos, regalar también es algo que me encanta y apasiona, pero ese es otro tema.

Uno de los obsequios más importantes que me han echo fue un simple anillo de plata, simple, con un dibujo grabado zigzagueando alrededor. La primera vez que lo puse en el dedo fue delante tuya, sonreías y tu mirada penetrante acompañaban tus palabras de amor y ternura. El anillo me lo habías regalado para que me cuidase y no permitiese que tirase la toalla por nada del mundo, para que cuando me mirase al espejo dijese eso de “Tú vales, nena” lo cual me encantó. Por no decir que estaba y estoy tan enamorada de ti, que el echo de llevar un regalo tuyo en el dedo, me hace sentir que estás siempre a mi lado.

Mi anillo de plata poseía un enorme secreto que ni siquiera conocías, era un anillo mágico, como esos de los cuentos, tenía una sorpresa en su interior. Era algo que, quizás a la persona que lo llevaba en el dedo no le traía enormes beneficios materiales, ni era tan poderoso como el del “Señor de los Anillos”, ni me daba superpoderes como en los anillos de los cómics. Ese pequeño objeto redondo de plata que se ajustaba a mi dedo, me unía a ti.

Me hacía sentir lo que tu sentías, desde el momento en que noté la alianza en mi dedo, supe cuando llorabas, aunque no estuviese a tu lado. Supe también cuando sentías que el miedo acechaba, cuando reías, cuando la melancolía embargaba tu corazón. Aprendí a ver cosas en tu interior, que hasta el momento ignoraba; tu fortaleza, tu paciencia, tu espiritualidad, todo.

Dicen que cuando dos enamorados llegan al altar y se intercambian los anillos delante del cura, sucede eso, se unen e intentan que sea para siempre. Eso es mágico, grande, poderoso, no tiene para esta servidora otra explicación. Cuando tu me obsequiaste ese anillo, con tus poderes mágicos o con los del anillo, me convertiste en una mejor persona; gané confianza en mi misma ya que la persona que amaba siempre estaba a mi lado, en los buenos y en los malos momentos. Podía llamarte cuando estabas triste, podía ser picarona y provocarte cuando querías jugar entre las sabanas a algo más que abrazarnos o bien cuando yo quería.... Cuando el desanimo comenzaba a cernirse sobre mi cabeza, el anillo brillaba y luchaba para levantarme.

En este mundo en el que vivimos, los pequeños objetos y los detalles mas ínfimos mezclados con grandes y sinceros sentimientos, se convierten en mágicos como mi anillo. Cuando somos niñas nos cuentan historias de habichuelas y casas de chocolate, de princesas encantadas y dragones poderosos. Al llegar a la edad adulta todo eso que nos hizo crecer y creer se convierten solo en cuentos. Pero no lo olvidéis, todo lo que nos rodea posee algo de magia a nuestro alrededor, a veces es algo como lo de mi anillo mágico que favorece que pueda estar unida a la persona que mas amo en el mundo, a veces, tienes una rendija mágica en la habitación (véase el post “Soy Sueño...”) o quizás puedas tener un pequeño duendecillo en casa, o un hada... Quien sabe.

miércoles, 23 de enero de 2008

La princesa, la herrera y el dragón

Aventura de la escapada de las recién casadas a su nuevo hogar (viene del post anterior)


No todos los seres del reino estaban felices con la boda de la princesa con el joven caballero, (en realidad la hija del herrero) mientras la pareja ultimaba los detalles para su viaje a un castillo alejado para disfrutar de su intimidad, el malvado y temible conde Emilio, acechaba entre las sombras buscando un motivo, un detalle que pudiese utilizar en contra de la princesa.

El conde Emilio era un ser tenebroso, disfrutaba haciéndole daño a todas las personas que se acercaban a él, o simplemente que no pensaban u obraban como al conde le parecía correcto. Emilio no podía soportar que la princesa se hubiese casado con una persona más joven y fuerte que él y le producía urticaria el mero echo de ver a la bella dama feliz, así que, elaboró un plan para librarse de ese desconocido personaje que había conseguido enamorar y llevarse a la princesa.

El conde era un gran cetrero, tenía un búho que utilizaba para vigilar todos los movimientos de los seres del reino, ordenó al búho vigilar a la pareja , para saber la debilidad del caballero y librarse de él, lo único que tenía que hacer ahora era mantenerse a la espera y recibir la información que este inusual espía le proporcionaba.

Mientras tanto, la princesa y la herrera, disimulaban en publico su gran secreto, incluso descubrieron la forma de ponerle una pequeña barba a la herrera para disimular. En privado se besaban, se acariciaban, se surraban bellas palabras de amor al oído, y contaban los días que faltaban para ir por fin a su esperado nuevo hogar. Un día decidieron ir al lago a bañarse en el lago por la noche, cuando nadie las podía vigilar, se sacaron la ropa y el búho espía del conde, las descubrió.

Como el malvado ser, consideraba que las mujeres no sabían luchar y pelear, decidió esperar a su marcha al nuevo castillo, les preparó una emboscada para que la herrera cayese muerta, como mujer -según su lógica- no iba a poder resistir el ataque de sus hombres, contrató a dos mercenarios y se frotó sus frías manos imaginándose como la princesa caería en breve en sus brazos buscando consuelo.

Al igual que las muchachas no contaban con este inesperado ataque, el conde no contaba con que la herrera tenía una protección oculta; un dragón la protegía, cuando era niña, la herrera protegió un huevo de dragón solitario y desde aquella tenía los favores de este mágico animal, que la defendía de todo mal.

Llego el día, las mujeres partieron felices hacía su hogar, llevaban un carro lleno de regalos y un amor que las acompañaría en ese viaje y para el resto de sus días, al caer la noche, acamparon en el medio de unos arboles que las protegían del frío. Comenzaron a escuchar ruidos de cascos de caballos y vieron a un grupo de hombres armados dirigiéndose hacía ellas.

La herrera llamo a su amigo el dragón para que las protegiese por si sucedía algo que no pudiesen solucionar. De repente los hombres vieron un enorme dragón rojo que salía del bosque donde dormían las mujeres, los caballos se desbocaron por el miedo, y los que continuaron el camino para hacerles daño a las protegidas del animal, fueron derribados por el coletazo del protector. El dragón dirigió su vuelo a casa del conde Emilio, y echo fuego por la boca y rugió simplemente por asustar al malvado ser.

La princesa y la herrera continuaron su camino, a veces, lo que no se conoce, es lo mejor que te puede suceder.
palyginti kainas