miércoles, 6 de enero de 2010

El rey y sus tres hijas

En un reino muy lejano en un castillo más lejano todavía,  vivía un rey con sus tres hijas en paz y armonía. El rey era un hombre clásico y conservador, respetaba la familia por encima de todo, visitaba la iglesia todos los domingos y gozaba de la fama de ser recto y duro en sus decisiones de estado, por ello su reino era respetado y pocas eran las voces que se alzaban en su contra.
A sus hijas las educo de una forma igual de clásica intentado mantener las tradiciones de su ancestral familia. Sobre la hija mayor recayó la responsabilidad de unirse en santo matrimonio con el heredero al trono de algún poderoso reino vecino, papel que ella aceptaba gustosamente ya que era amante de grandes lujos y lo suficientemente presumida como para presumir de halagos y cortejos masculinos.
La hija del medio, como los reyes no tuvieron varón, fue educada en artes políticas e institucionales para que cuando faltase el rey alguien vigilase el estado de la familia y sus potentes arcas. Era una muchacha con un gran don de mando y carácter similar al de su padre fuerte y regio.
La menor era la más hermosa de las tres, amante de los caballos era una gran amazona, practicaba tiro con arco y fue la responsable del servicio doméstico, la encargada de organizar eventos y fiestas, la decoración de la casa y el trato con los sirvientes.
Las tres hermanas eran muy diferentes, se llevaban muy bien entre ellas pero la pequeña comenzó a poner en tela de juicio el trato que se le daba a los sirvientes ya que no estaba de acuerdo ni con el diezmo ni con los impuestos. La hermana mayor no opinaba ya que ella solo deseaba casarse y la del medio decía que la familia y el reino debían de mantenerse de algún modo, la pequeña ante esta afirmación siempre decía "sin quitarle la comida a los pobres"
Los años pasaron y todo siguió su curso como el rey había planeado aunque las constantes desapariciones de la hija menor y sus constantes desplantes comenzaron a inquietar al cabeza de familia. Preocupado por este tema consultó el caso con sus dos hijas decidiendo  seguir a la joven para averiguar a que se dedicaba durante sus ausencias. Los primeros días nada averiguaron más que la pasión de la chica por galopar a toda velocidad por el bosque encima de su brioso corcel y una extraña generosidad con el pueblo al cual regalaba comida y ropa a escondidas de la temida guardia real, esto se lo tomaron como una chiquillada de juventud, todo iba bien hasta que un día la vieron en el río desnuda con una joven, hermosa y pobre campesina. Las dos mujeres se besaban apasionadamente en el agua sin importarles su desnudez, su sexo o su posición social y tan ensimismadas estaban en sus juegos que no se dieron cuenta de que estaban siendo observadas por el rey y sus obedientes hijas.
El rey entro en cólera al enterarse de aquella ofensa, mandó averiguar quien era aquella plebeya que habían logrado embrujar a su amada hija y ordenó echar de sus tierras a aquella humilde familia para salvar la honra de su hija pequeña. Aquellos campesinos no tenían a donde huir así que se lanzaron a los caminos buscando trabajo y cobijo para no morir de hambre o de frío.
La pequeña princesa cayó en una gran depresión al no conocer el paradero de su amada, dejó de comer, de cabalgar con su caballo y comenzó a marchitarse como una flor al llegar el otoño. La hermana mayor, aunque no compartía ni el amor por la plebeya ni la dura actitud de su padre, se apiado de ella y le contó lo sucedido, además le dio unas monedas de oro y víveres para que fuese a buscar a aquella pobre familia, hasta no hace mucho bajo su protección.
La joven princesa galopó día y noche, preguntando por los caminos y por los pueblos si alguien había visto pasar a una familia campesina, hasta que logro dar con su amada. al principio y como era de esperar no fue bien recibida, pero su generosidad, su perseverancia y su demostración de amor consiguió que fuese aceptada de nuevo. Con lo que había regalado su hermana, compraron un pequeño molino y unas semillas, abandonó el castillo y durante algunos años vivieron humildemente pero felices.
El rey al ver que se hacía viejo, no quiso desterrar también a su hija y perdonando aquella horrible falta admitió de nuevo a la familia. Su hija ya no era la misma, los años perdidos ya no se podían recuperar, pero al fin y al cabo la joven princesa era su hija y no quería morir si volver a tenerla entre sus brazos. Celebraron su regreso con una gran fiesta y desde entonces todos vivieron felices para siempre.

5 comentarios:

Poetica dijo...

Felicidades! Me inpresiono tu historia, me atrapo tanto que la vivi, que la senti...
Y hoy muchas estan asi, como la pequeña princesa...

Maria Antonietta dijo...

Me agrado bastante y opino igual que Poetica también me parecio que la vi cuanda la leei, aunque me pasa con todo lo que leeo, exelente historia, linda con un final feliz ... aunque todavia no me regresa la inspiración u.u saludos ...=)

Tribadista dijo...

No te preocupes no siempre se puede escribir, pero piensa que a veces de lo más sencillo se puede sacar un relato

kalaudya dijo...

woouu!!! me agrado mucho esta historia, en verdad q t imaginas lo q sucede y eso es genial!!! felicidades!! salu2.. x0x0x

Tribadista dijo...

Muchas gracias kalaudya, lo bueno de leer es que te hace soñar e imaginar...

palyginti kainas