martes, 11 de marzo de 2008

La alfombra mágica

Quien dice que el amor a primera vista no existe se olvida de una importante parte de este sentimiento...

Era un lugar lejano y escondido, un grupo de seres mágicos moraba allí, duendes, magos, elfas, brujas y una larga lista de maravillosos vecinos escondidos en el medio de un valle encantado. Estos seres llevaban una vida tranquila y apacible, se escondían de la mayoría de seres humanos, por las noches montaban grandes fiestas y a veces cuando se aburrían concursaban entre ellos para saber cual de todos era el más fantástico.

Una muchacha vivía con ellos, no tenía poderes, ni era una princesa enamorada de un príncipe, esta chica era simplemente una joven y bella mujer. Era humilde, servía en la casa del alcalde, un centauro. Se encargaba de limpiar su casa, hacer la comida y limpiar sus ropas a veces incluso le cepillaba la crin encantándole esto al señor alcalde.

Algo extraordinario sucedió en el valle. Una mañana una hermosa mujer apareció entre las montañas, ataviada con ropas que parecían sacadas de el cuento de las “mil y una noches”, morena, voluptuosa, hermosa, su mirada parecía tener la capacidad de engatusar a todo aquel que osase observarla durante más de diez segundos. Lo mas maravilloso era su vehículo de transporte, la mujer surcaba los cielos con una alfombra voladora de colores vivos y llamativos. La alfombra parecía controlar los vientos y semejaba alcanzar gran velocidad.

Ninguno de los seres se atrevió a saludar a esta visitante pero la muchacha que trabajaba para el alcalde humildemente se acercó a la mujer.

-Creo que vienes de tierras lejanas, toma agua y fruta fresca para reponer te del viaje- le dijo a la dueña de la alfombra voladora.

Por vergüenza la chica desapareció corriendo entre los árboles. La dama venida del sur agradeció la cesta de frutas y se marcho a algún lugar posiblemente mágico.

La dama del sur comenzó a visitar el valle encantado, recibiendo siempre de la muchacha una jarra de agua y una cesta de frutas, huyendo después la humilde joven sin mediar palabra.

Una mañana la dama del sur, llegó al valle con su alfombra llena de riquezas. Ropas, joyas y alhajas , monedas de oro, sedas, perfumes, incienso... Aterrizó con su alfombra moruna en el medio del pueblo mágico hasta que la muchacha del alcalde, siguiendo su habitual ritual, se acercó con la jarra de barro llena de agua y la cesta de mimbre llena de fruta fresca. Con la cabeza gacha colocó la cesta a los pies de la imponente dama.

-No te vayas-pidió la dama-Mi nombre es Aisha, te traigo estos presentes en agradecimiento, espero que algún día podamos ser amigas

-Es demasiado mi señora-la joven se escapó una vez mas.

La dama se escondió en el valle y cuando vio a la muchacha sola, se abalanzo sobre ella con su alfombra y la subió a su lado como si de una pluma se tratase, con maestría llevo a la muchacha a un palacio arabesco, sin mediar apenas palabra, la besó. Muchos de los presentes en ese momento describieron ese beso, como el más romántico y pasional que jamás dos personas se dieron.

La dama y la muchacha se enamoraron en el momento que se cruzaron por primera vez, ni la distancia ni el tiempo hicieron que sus corazones se olvidasen. El atrevimiento de la mujer de la alfombra logró que dos corazones puros y humildes compartiesen su vida para siempre. Algún día os relataré con mas detalle como fue el encuentro privado entre estas dos hermosas damas

Prefiero darlo todo por un sueño, que pasarme la vida soñando.

1 comentario:

Clementine dijo...

Awww me encantan tus cuentos de hadas les wiwi

palyginti kainas